¿Alguna vez sentiste que no estabas a la altura de un cargo que ocupaste en una organización? ¿O si lograrías satisfacer con creces las expectativas y necesidades de un proyecto específico? Aunque parezca insólito, esto ocurre mucho, incluso más de lo que podemos imaginar. Esta sensación tiene un nombre y se la conoce como el Síndrome del Impostor o Fake Laboral, en nuestro Pulso Clave de la semana te comentamos un poquito más al respecto.
De acuerdo con el estudio The impostor phonomenon (Fenómeno del Impostor), publicado en el International Journal of Behavorial Science, este síndrome afecta al 70% de las personas en algún momento de sus vidas. Aquellos que se ven afectados por este síndrome por lo general tienden a tener dificultades para aceptar sus logros como propios y lo atribuyen a un golpe de suerte o a muchos otros factores externos, consideran que a pesar de la posición que tienen no merecen tal reconocimiento y por lo tanto se sienten un fraude, como si le estuvieran “robando” el puesto a alguien más.
En una actualidad donde todo gira entorno a las redes sociales, a la sobreexposición y reflejo de una “cultura de éxito”, se puede (con intención o no) lanzar un apócrifo mensaje de que en cierta minoría el fracaso simplemente no existe. Son pocas las personas que dan a conocer cuál fue su camino recorrido para llegar hasta donde lo ha hecho… su meta u objetivo principal.
Un estudio realizado a colaboradores de grandes corporaciones tecnológicas como Amazon, Facebook, Google o Microsoft reveló que más de la mitad de éstos reconoció haber sufrido el síndrome del impostor. Por otra parte, Blind (plataforma de red social anónima para profesionales) realizó una encuesta a más de 10.000 empleados de empresas tecnológicas y el resultado demostró que casi un 58% de la muestra admitió que en algún momento se habían sentido un fraude.
¿Qué tienen en común las personas que experimentan este síndrome? Algunos rasgos de perfeccionismo, autoexigencia, miedo al fracaso, nivel de autocrítica muy elevado entre otros.
¿De qué manera podemos evitar caer en el Síndrome del Impostor? A continuación, compartimos algunos puntos a tener en cuenta:
- Ser concretos: remitirnos a las pruebas que tenemos. Reconocer e inclusive listar todos los logros, éxitos, habilidades y cualidades que tengamos. Posteriormente valorar cada uno de ellos y tenerlos en cuenta en los momentos donde nos sintamos inseguros de nuestros logros u objetivos logrados.
- Sana autoevaluación: asumir el desafío de detectar aquellos falsos errores que consideramos que se interponen en nuestro camino a la meta, evaluarlos y analizar si esos errores son vistos o no bajo una luz de perfección que generalmente tiende a ser enemiga de lo bueno. Un resultado puede no ser perfecto, pero eso no quiere decir que deje de ser bueno, y por ser bueno no indica que sea mediocre o execrable.
- Monitorear nuestro desempeño: una valla alta que sortear en el camino cuando nos sentimos impostores, es la de reconocer la importancia que tenemos en el entorno que nos movemos. Aceptar que nuestro trabajo, formación y preparación es lo que nos lleva lograr resultados y no el azar u otros factores externos. Una buena manera de medir nuestro desempeño es llevando un registro de nuestros logros, podemos utilizar gráficos para visualizar mejor nuestros progresos, es cuestión de dar rienda suelta a la creatividad.
- Decir sí a nuevas oportunidades: es normal tener cierto temor de asumir nuevos desafíos, aquí lo importante es saber identificar cuándo es el momento de decir sí a nuevos proyectos, responsabilidades o tareas siempre que no se interpongan con las que están en curso.
- Ser protagonistas: tomar el rol protagónico o tener la iniciativa para compartir con otras personas nuestra experiencia durante este proceso de evitar sucumbir al síndrome del impostor, que a lo mejor la están pasando mal sin saber qué o cómo hacer para salir de la situación. Y en el trayecto de ayudar, seguiremos ayudándonos a no olvidar el camino recorrido y lo aprendido.
Vale la pena tomar la iniciativa y evitar caer en el Síndrome del Impostor, de esta manera ganamos dos batallas en una: la de sentirnos un fraude y la otra consecutiva la de caer en un burnout laboral.

