En América Latina y el Caribe la informalidad laboral persiste como un desafío que condiciona los resultados, con la mitad de la población ocupada trabajando en empleos informales. En la región, conseguir empleo no garantiza seguridad laboral, pues aproximadamente un quinto de los trabajadores se encuentra en situación de pobreza, y 4 de cada 10 tienen ingresos laborales por debajo del salario mínimo.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que los años recientes han estado marcados por tasas de crecimiento económico insuficientes para la creación del empleo formal por el impacto de la pandemia, las crisis medioambientales, los cambios tecnológicos y el escaso margen fiscal para reformas, factores que han contribuido al aumento de la informalidad.
Trabajar en la informalidad puede incrementar de 2 a 5 veces las posibilidades de caer en la pobreza en la región. Las perspectivas para el 2024 indican que la creación de empleo continuaría sesgada hacia puestos informales, lo que subraya la necesidad de abordar de manera integral el problema mediante políticas centradas en el empleo y el impulso de la productividad.


