El sector manufacturero de Estados Unidos (EE.UU) mostró una mejora en marzo según el índice de gestores de compra (PMI), elaborado por S&P Global, que se ubicó en 52,3 puntos, una expansión moderada impulsada principalmente por la demanda interna.
El aumento de la producción y de los nuevos pedidos evidenció resiliencia empresarial, aunque las exportaciones siguieron afectadas por aranceles y desafíos logísticos. El conflicto en Medio Oriente elevó la inflación y tensionó las cadenas de suministro. El encarecimiento de la energía y de insumos como el acero y el aluminio presionó los costos, obligando a las empresas a trasladar parte de estos incrementos a los precios finales. Además, los tiempos de entrega se deterioraron a su peor nivel desde 2022.
Según Chris Williamson, economista jefe de S&P Global, aunque las empresas mantienen confianza a corto plazo, el alza de precios y los retrasos logísticos representan riesgos significativos. La contratación se estancó y varias compañías optaron por acumular inventarios como medida preventiva ante futuras disrupciones.


