Feb 3, 2023 | Pulso clave

Cómo surfear con las emociones sin desfallecer en el intento.

El surf se conoce a nivel mundial como un deporte que se realiza en el mar con una tabla específica que acompaña las exigencias de esta disciplina deportiva. El principal objetivo es que la persona pueda mantenerse en equilibrio encima de la tabla mientras se desplaza sobre la cresta de las olas. Si adoptamos como norte esta actividad en lo relacionado a nuestras emociones… ¿tenemos alguna idea si surfeamos con ellas o simplemente nos dejamos llevar?

Susana Bloch en su libro “Surfeando la ola emocional”, ha desarrollado un interesante método para sentir y ver los distintos matices de las emociones humanas a través de testimonios, experiencias y lecturas específicas.

Las personas somos un cúmulo de aprendizajes, saberes, historias y experiencias que suelen manifestarse a través de nuestras emociones. En los distintos entornos en los que nos desenvolvemos nos ha tocado atravesar por variadas emociones (propias o ajenas), y en el proceso descubrimos estrategias que nos ayudaron a vivirlas de la mejor forma que pudimos. Hoy, una realidad completamente distinta a la que conocíamos antes de la pandemia del Covid-19, nos ha demostrado lo importante que es saber identificar y procesar nuestras emociones. Cada emoción “respira de manera diferente” y para que pueda fluir de manera adecuada debemos conocer las maneras correctas de gestionarlas. ¿Cómo podemos surfear una ola emocional cuando llega en el momento menos esperado?

  1. Consciencia plena del cuerpo: awareness o consciencia es ser capaces de manera consciente de reconocer lo que genera en mí una determinada emoción. Por ejemplo: en la mañana de camino a la oficina un automóvil pasó muy cerca del mío y por poco evité un choque por desatención del otro conductor. Siento la ola del enojo: mi corazón palpita a un ritmo acelerado y mis puños se aprietan. 
  2. Aceptar la emoción como tal: tomar una postura reticente a lo que sentimos podría hacerlo aún más grande de lo que es, además de sentir la emoción es recomendable nombrarla para procesarla y lograr que la intensidad de la misma vaya disminuyendo por sí sola. Por ejemplo: Estoy enojado, me molestó la situación.
  3. Respirar: si bien respirar es una acción básica para la supervivencia del ser humano, es importante realizarla de manera plena cuando una ola emocional amenaza nuestra armonía (“respirar hondo y pausado). Ser más conscientes de la inspiración y exhalación de aire para que el proceso de asimilación de la emoción sea efectivo.
  4. Evitar juzgar la emoción: juzgar nuestras emociones no las mejora o cambia, al contrario. Por ejemplo: es mi primer día en una empresa y me siento ansioso, intento “minimizar” mi estado pensando: “no tengo que estar así, siempre me pongo de esta forma y por eso las cosas no me salen”.
  5. Elegir la respuesta: sería muy interesante que pudiéramos responder a ellas con inteligencia y no dejarnos revolotear como pluma al viento, para llegar a una inteligencia emocional es imprescindible que tengamos un muy desarrollado autoconocimiento.  
 Con el surf la persona logra ponerse de pie encima de una ola con la ayuda de una tabla. 
 Tengamos en cuenta este símil cuando debamos tratar con emociones poco alentadoras y desafiantes. 
 Así como decía Jon Kabat Zinn: “No puedes parar las olas pero puedes aprender a surfear”. 

 

 

 

 

 

Pulsos relacionados

Islas de coherencia en tiempos de caos

Hay una verdad que incomoda, pero libera: el caos no es una anomalía del sistema, es su condición natural. La vida —en lo personal, en lo organizacional, en lo social— tiende a la entropía. Todo, si no es sostenido por intención, se dispersa. Pretender estabilidad...

¿Sos el David de tu Goliat o el Goliat de tu David?

En el mundo corporativo —y, seamos honestos, también en la vida— hay una narrativa que se repite con insistencia: el “problema” como obstáculo, el desafío como carga, la dificultad como algo que hay que esquivar o, en el mejor de los casos, sobrevivir. Pero hay otra...

¿Conectamos o nos vinculamos?

Vivimos en la era de la hiperconectividad. Contactos por todos lados. Redes activas. Mensajes constantes. Directorios llenos. Pero hay una pregunta que incomoda —y que vale la pena hacerse—: ¿realmente estamos vinculados… o solo conectados? Porque no es lo mismo....

Las cuatro hornallas: elegir el fuego que sostiene.

Hay una imagen simple —doméstica, cotidiana, casi invisible— que explica con una claridad brutal uno de los mayores desafíos de la vida profesional y personal: la cocina encendida. Cuatro hornallas. Cuatro fuegos posibles. Cuatro espacios que nos reclaman presencia....

El profesional que las organizaciones necesitan hoy

En los últimos años hemos escuchado con frecuencia hablar de transformación, innovación, cultura organizacional y liderazgo consciente. Son palabras que aparecen en conferencias, documentos estratégicos y conversaciones de pasillo. Sin embargo, en medio de tantas...

En el océano de las generaciones: ¿brechas o puentes?

Estamos viviendo algo inédito en la historia del trabajo. Por primera vez conviven hasta cuatro generaciones dentro de una misma organización. Cuatro formas de entender el esfuerzo. Cuatro maneras de comunicarse. Cuatro ritmos. Cuatro historias. Y una sola cultura...

Frotar la lámpara no es gestionar.

En los últimos años se ha instalado con fuerza un discurso saludable y necesario: las organizaciones deben escuchar. Deben abrir espacios. Deben habilitar la palabra. Deben construir culturas donde las personas puedan expresar lo que sienten, piensan o cuestionan. Ese...

El impostor duda. Procusto castiga.

Dos síndromes distintos que frenan talento… y cómo empezar a desarmarlos. En las organizaciones conviven silencios que pesan más que los gritos. Uno de ellos es el síndrome del impostor. Otro, más peligroso y menos nombrado, es el síndrome de Procusto. Ambos operan en...