El desarrollo en América Latina y el Caribe atraviesa un escenario de estancamiento marcado por alta incertidumbre y vulnerabilidades acumuladas. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) cayó de 0,7% anual (1990-2015) a solo 0,2% tras la pandemia, reflejando una pérdida de dinamismo estructural
Aunque la pobreza se redujo, el 25% de la población aún se encuentra en esa condición y un 31% permanece en situación vulnerable, sin capacidad de resistir shocks económicos. La incertidumbre regional, además, se ha más que duplicado desde 1990 y supera ampliamente el promedio global.
El informe identifica tres presiones interrelacionadas: transformación tecnológica desigual, fragmentación social y riesgos climáticos, en un contexto de bajo crecimiento y desigualdad que configura una “policrisis”.
Ante este escenario, el PNUD plantea priorizar un desarrollo humano resiliente, con instituciones que se adaptan a la complejidad, infraestructura que potencien a las comunidades e inversión en capacidades para gestionar la incertidumbre y sostener el crecimiento.


