Abr 30, 2021 | Pulso clave

El valor de la perseverancia en el trabajo.

De caras al día del Trabajador que se celebra mañana, estuvimos
reflexionando acerca de los últimos 12 meses, la cotidianeidad, los
esfuerzos diarios y los resultados que se celebran. Hoy queremos poner
en destaque a esos pequeños logros que, en su totalidad, logran
generar realidad.

Normalmente, en el mundo empresarial donde nos movemos por objetivos, metas, indicadores, es humano y natural celebrar los grandes logros, hitos contundentes de la organización, aquellos que nos transforman o nos hacen dar grandes saltos. Igualmente, pasa con las personas. A veces, simplemente, nos olvidamos o no valoramos el proceso en su máxima expresión.

Hoy te compartimos un top 3 para reflexionar sobre la importancia de “la gota que horada la roca”:

1. Reconocer: ver con claridad dónde estamos hoy y dónde estábamos hace 12, 24 o 36 meses puede ser esclarecedor. En algunos ejes estaremos igual, mejor o peor. Pero en todos se habrán producido cambios, aunque fueran menores. Esos pequeños cambios también nos movilizan, dando lugar a nuevas ideas, desafíos, anhelos. Una vez visto todo el mapa, pongamos en relieve aquellas conductas o acciones recurrentes, cotidianas que nos hicieron llegar a donde estamos hoy. Reconozcamos su poder y potencialidad de seguir generando cambios. Valoremos también nuestra perseverancia en el proceso, nuestra resiliencia, el no rendirnos ni frustrarnos.

2. Agradecer: “El agradecimiento es la memoria del corazón”. Sin duda, agradecer nos abre a una dimensión (diría hasta no racional) que nos revitaliza, nos carga de combustible y emociones positivas. Si no existe conexión, no se produce la transformación, por lo tanto, es importante agradecer a las personas que estuvieron en el proceso. Hay que recordar también que es importante agradecerse a uno mismo. ¿Cómo? Sí. Tal como leíste. No, esto no colisiona con la humildad.

3. Potenciar: luego del reconocimiento y agradecimiento, se puede analizar cómo eso mismo que vinimos haciendo puede ser potenciado, amplificado, mejorado, qué cambios se pueden introducir, a quiénes más podemos involucrar. Es muy probable que fruto de la fase de agradecimiento ya los miembros del equipo se automotiven y exploren, sugieran.

Este ciclo puede utilizarse como el PDCA (Plan-Do-Check-Act), es decir, de manera permanente y consistente. Convengamos en que los últimos 12 meses fueron no solamente desafiantes sino extenuantes. Quizás, por más que pongamos prisma de esperanza y oportunidades, el contexto general no colabora para poder sentirnos naturalmente con la misma energía o positivismo que teníamos antes de la pandemia. De ahí radica la importancia de llevar al plano consciente e intencionalmente poner foco en el valor del día a día. Como decía mi abuelo materno: “No alcanzaron los grandes hombres de un solo vuelo la cumbre de sus aspiraciones, sino que trabajaban y velaban mientras sus compañeros dormían” (Anónimo).

Hagamos nuestro esfuerzo cotidiano. El tiempo hará su parte, mientras, a seguir sembrando.

Silvia Fretes Carmagnola

 

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