El mercado de stablecoins continúa expandiéndose con fuerza y consolida su rol dentro del ecosistema financiero digital. Estos criptoactivos, emitidos por entidades privadas, buscan mantener un valor estable frente a monedas tradicionales (principalmente el USD) mediante el respaldo en activos financieros líquidos y de corto plazo, como bonos del Tesoro y depósitos bancarios. A diferencia de criptomonedas como Bitcoin, los stablecoins están diseñados como medios de pago y reserva de valor en entornos digitales.
Tras el “criptoinvierno” de 2022–2023, la emisión de stablecoins se duplicó desde 2024 y alcanzó cerca de USD 300.000 millones en septiembre de 2025, aunque aún representan solo el 7% del mercado cripto global. El 97% de estas emisiones está denominado en dólares, lideradas por USDT y USDC, que concentran el 90% del mercado y movieron USD 23 billones en transacciones durante 2024.
Aunque su uso principal sigue siendo el comercio de criptoactivos, crece su adopción en pagos transfronterizos, destacándose como alternativa eficiente en tokenización del sistema financiero global.


