Abr 8, 2022 | Pulso clave

El lado inconsciente de las organizaciones.

“En la construcción y consolidación de una cultura organizacional, existen innumerables factores, muchos de ellos tangibles y conscientes, otros inconscientes, pero igual de poderosos. Los mecanismos de defensa pertenecen a este último grupo, de ahí la importancia de intentar llevarlos todo lo más que se pueda al plano consciente, para así poder gestionarlos”.

Escuchando diariamente las necesidades de las organizaciones, podemos distinguir algunos desafíos concretos y otros que en realidad corresponden como a un mundo paralelo y desconocido, uno inconsciente y contundente, que motiva, mueve a ciertas conductas y responde a ciertos patrones difíciles de decodificar.

Las organizaciones tienen a sus colaboradores como constructores de su cultura. Pareciera como un desafío de doble vía y un dilema como el huevo y la gallina. Los colaboradores, ¿se comportan de determinada manera por la cultura reinante? O ¿la cultura reinante es producto de la conducta de los colaboradores?

Sin entrar a juzgar lo fundamental de tener una cultura fuerte y sólida que trascienda las personas, lo que se quiere reflexionar aquí es que toda persona tiene un lado inconsciente, y, por lo tanto, también las organizaciones y su cultura.

  • ¿Alguna vez viste cómo un profesional hace berrinches como si fuera un niño de pocos años?
  • ¿Un colaborador que llega sistemáticamente tarde o que tiene dificultades acatando políticas y cualquier señal de “autoridad”?
  • ¿Personas que ante reuniones importantes o decisivas simplemente deciden no aparecer?
  • ¿Jefes que niegan que exista problemas de clima laboral en sus áreas?
  • ¿Colaboradores que tienen argumentaciones (o excusas) para todo lo que se les señale como oportunidad de mejora?

Detectar acciones inconscientes puede resultar difícil. E incluso, la mayoría de las veces es más fácil identificar en los demás que en nosotros mismos. No se puede eliminar el tenor inconsciente pero sí puede intentar minimizarlo, trayendo todo lo más que se pueda al plano consciente para poder gestionar y administrar adecuadamente las diferentes situaciones.

Es un desafío para los líderes de equipos, para quienes sugerimos estos 4 puntos clave, que fortalezcan una cultura organizacional sólida:

  1. Conocimiento del otro: muchos de los mecanismos de defensa y patrones de conducta pueden entenderse desde el conocimiento no tan superficial del otro y su historia de vida. En conversaciones cotidianas surgen ejemplos de escenas familiares o no laborales donde saltan ciertos temas que pueden darnos pistas del actuar del otro. Es cuestión de estar atentos.
  2. Empatía: las organizaciones que prosperan tienen sin duda una cultura organizacional empática, aquella en donde se reconocen las diferencias, pero se puedan conjugar armónicamente, aquella en donde se consientan dificultades emocionales particulares pero que el sistema ayude a que no alteren el equilibrio general de la organización.
  3. Confianza: en un clima de confianza, donde el equipo se conozca y se autorregule con empatía, simplemente no existe nada ni siquiera inconsciente que pueda hacer tambalear a una organización.
  4. Resiliencia: no todo encaja a la primera. La cultura organizacional, como todo lo importante, conlleva tiempo y persistencia.

Al hablar de personas no existe nada mágico. ¿Te animás a preparar la pócima que sea acorde a tu organización?

 

Pulsos relacionados

Islas de coherencia en tiempos de caos

Hay una verdad que incomoda, pero libera: el caos no es una anomalía del sistema, es su condición natural. La vida —en lo personal, en lo organizacional, en lo social— tiende a la entropía. Todo, si no es sostenido por intención, se dispersa. Pretender estabilidad...

¿Sos el David de tu Goliat o el Goliat de tu David?

En el mundo corporativo —y, seamos honestos, también en la vida— hay una narrativa que se repite con insistencia: el “problema” como obstáculo, el desafío como carga, la dificultad como algo que hay que esquivar o, en el mejor de los casos, sobrevivir. Pero hay otra...

¿Conectamos o nos vinculamos?

Vivimos en la era de la hiperconectividad. Contactos por todos lados. Redes activas. Mensajes constantes. Directorios llenos. Pero hay una pregunta que incomoda —y que vale la pena hacerse—: ¿realmente estamos vinculados… o solo conectados? Porque no es lo mismo....

Las cuatro hornallas: elegir el fuego que sostiene.

Hay una imagen simple —doméstica, cotidiana, casi invisible— que explica con una claridad brutal uno de los mayores desafíos de la vida profesional y personal: la cocina encendida. Cuatro hornallas. Cuatro fuegos posibles. Cuatro espacios que nos reclaman presencia....

El profesional que las organizaciones necesitan hoy

En los últimos años hemos escuchado con frecuencia hablar de transformación, innovación, cultura organizacional y liderazgo consciente. Son palabras que aparecen en conferencias, documentos estratégicos y conversaciones de pasillo. Sin embargo, en medio de tantas...

En el océano de las generaciones: ¿brechas o puentes?

Estamos viviendo algo inédito en la historia del trabajo. Por primera vez conviven hasta cuatro generaciones dentro de una misma organización. Cuatro formas de entender el esfuerzo. Cuatro maneras de comunicarse. Cuatro ritmos. Cuatro historias. Y una sola cultura...

Frotar la lámpara no es gestionar.

En los últimos años se ha instalado con fuerza un discurso saludable y necesario: las organizaciones deben escuchar. Deben abrir espacios. Deben habilitar la palabra. Deben construir culturas donde las personas puedan expresar lo que sienten, piensan o cuestionan. Ese...

El impostor duda. Procusto castiga.

Dos síndromes distintos que frenan talento… y cómo empezar a desarmarlos. En las organizaciones conviven silencios que pesan más que los gritos. Uno de ellos es el síndrome del impostor. Otro, más peligroso y menos nombrado, es el síndrome de Procusto. Ambos operan en...