En la revisión de sus perspectivas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) realizó un análisis de la situación inflacionaria global señalando que el 2022 cerraría con 8,3% de incremento de precios. El organismo prevé que la inflación vuelva a los niveles anteriores a la pandemia recién a finales del 2024.
Además de los riesgos de la guerra y su impacto sobre los commodities, se tuvo en cuenta dos factores. Por un lado, el comportamiento del mercado laboral, dado que los trabajadores podrían exigir mayor remuneración por el mayor costo de vida. Las empresas podrían absorber el aumento de los salarios si reducen los márgenes, pero si no pueden hacerlo el resultado podría ser una inflación aún mayor, así como el riesgo de que se desencadene una espiral de precios-salarios.
Por otro lado, la suba de tasas de interés y el bajo crecimiento empeorarían la dinámica de la deuda y aumentarían los diferenciales soberanos y empresariales. Esto se traduciría en un mayor nivel de apalancamiento de los gobiernos y las empresas, que a su vez podría ampliar los efectos del endurecimiento de la política monetaria, con costos a mediano plazo.


