Hablar de inclusión laboral...
Hablar de inclusión laboral...
Vivimos rodeados de estímulos. Pantallas que vibran, notificaciones que llaman, contenidos que no se terminan nunca. Y, sin darnos cuenta, empezamos a confundir movimiento con sentido, ocupación con plenitud, conexión digital con presencia real. Esta semana escuché...
El tiempo no es solo una variable operativa. Es un reflejo silencioso de cómo pensamos, cómo priorizamos y cómo respetamos a los demás. En las organizaciones solemos hablar mucho de flexibilidad, bienestar y autonomía. Y está bien. Es necesario. Es evolutivo. Pero hay...
El inicio de un nuevo año suele venir cargado de impulso. Objetivos. Agendas que se rearman. Expectativas renovadas. 2026 no es la excepción. Sin embargo, antes de acelerar, tal vez valga la pena detenerse un momento. No para mirar atrás con nostalgia, sino para...
A lo largo de nuestra vida profesional y personal, iniciamos numerosos proyectos con entusiasmo y grandes expectativas. Sin embargo, no siempre llegamos al final de todos ellos.
El fin de año trae consigo un ambiente de reflexión, un ánimo de cierre que nos invita a evaluar nuestros hábitos y, quizá, a reconsiderar cómo estamos navegando por esta era de conexiones virtuales. Pero ¿qué tan «conectados» estamos realmente? Nos encontramos atrapados en un mundo donde el celular se ha transformado en una extensión de nuestra mano, en un perpetuo generador de dopamina. Y esta dopamina, tan ansiada y placentera, es también la fuente de una desconexión más profunda, la que experimentamos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
El fin de año marca un momento especial para pausar, mirar hacia atrás y valorar todo lo que hemos vivido.
En el vasto entramado de nuestras rutinas diarias, surge un dilema casi filosófico: ¿debemos agendar la vida o permitir que fluya con su cadencia natural? La discusión no es meramente teórica; es el eje de conversaciones en cafés, debates entre amigos y reflexiones íntimas cuando el insomnio reclama su cuota. Algunos defienden con fervor la estructura milimétrica de una agenda, mientras que otros se rinden al encanto de la improvisación. Ambos bandos esgrimen razones tan apasionadas como divergentes.
¿Cómo me estoy preparando para mi vejez? ¿Qué decisiones debo tomar hoy que afectan mi futuro?
Las conversaciones son el hilo invisible que teje nuestras relaciones y, por ende, nuestras vidas. Cada intercambio, desde los más simples hasta los más cargados de emociones, tiene el potencial de acercarnos o alejarnos de los demás. Sin embargo, ¿cuántas veces dejamos que el miedo al conflicto, la incomodidad o la falta de práctica nos frene a la hora de dialogar? Las conversaciones productivas no se dan de forma mágica; son una elección consciente que exige valentía, autoconocimiento y compromiso.
En nuestro día a día, enfrentamos conversaciones que nos desafían. Ya sea con colegas, amigos o familiares, ciertas conversaciones parecen tocar fibras tan profundas que resulta complicado avanzar sin sentirnos incómodos o vulnerables. Pero, ¿por qué estas interacciones son tan difíciles? Para comprenderlo, debemos analizar tres dimensiones clave: el origen de nuestras diferencias, el peso de nuestras emociones y el impacto en nuestra identidad.
¿Por qué el segundo lugar suele ser el menos deseado en competencias y de qué manera esto se refleja en nuestro lenguaje organizacional?
Con la finalización del curso Fortalecimiento de Directorios, el pasado 23 de octubre, en MENTU reflexionamos sobre el papel que desempeñan los Directorios en el crecimiento y sostenibilidad de las empresas.
La quinta edición del retiro Mentu ha sido una experiencia profundamente enriquecedora, un espacio donde hemos podido detenernos, mirarnos entre nosotros y reconocernos como equipo. Cada uno de los que formamos parte de Mentu trae consigo cualidades únicas y fortalezas invaluables que, cuando se suman, forman una sinergia que nos impulsa hacia adelante. Este retiro nos permitió recordar cuán importante es valorarnos mutuamente y comprender que cada uno de nosotros es una pieza esencial de este engranaje llamado Mentu.
En un mundo donde las crisis ambientales y sociales se hacen cada vez más evidentes, las Empresas B emergen como una luz de esperanza. Estas organizaciones no solo buscan maximizar las ganancias, sino que también están comprometidas con generar un impacto positivo tanto en la sociedad como en el medio ambiente. Este compromiso es el núcleo del modelo de negocio de las Empresas B, que se basa en el principio del «triple impacto»: beneficiar a las personas, al planeta y a la prosperidad.
Las organizaciones no son solo estructuras funcionales o jerárquicas; son también un tejido humano que se entrelaza con comportamientos, creencias, y valores individuales. Estos elementos, cuando están alineados, potencian la eficiencia, la colaboración y, en última instancia, el éxito de cualquier proyecto. Sin embargo, para llegar a esa alineación, es necesario adoptar hábitos y acuerdos que fortalezcan el desempeño tanto a nivel individual como grupal. Aquí es donde entran en juego los principios que abordan el comportamiento humano, como los planteados en Los 5 acuerdos de Miguel Ruiz y Hábitos atómicos de James Clear.