El contexto pandémico de limitada actividad condujo a que la tasa de informalidad laboral creciera hasta el 65,1% en el 2020, la más alta en los últimos 4 años. Analizando por sexo, 82,1% de las mujeres ocupadas que viven en la zona rural trabajó en un empleo informal, contribuyendo a la mayor informalidad laboral femenina total (66,2%). Por otra parte, en el grupo etario de 15 a 19 años se registró una tasa informalidad del 96,6%, la más alta del país
Pese a que la informalidad disminuye con los años de instrucción, 4 de cada 10 personas con 13 a 18 años de estudio trabaja en un empleo informal. En cuanto al nivel de ingreso, la brecha es clara: 9 de cada 10 personas ocupadas que viven en situación de pobreza trabajan en un empleo informal, mientras que existen 6 trabajadores informales por cada 10 ocupados con ingresos más altos.
Como la informalidad generalmente está vinculada con un menor desarrollo y calidad de vida, urge elaborar políticas que permitan un mayor acceso a empleos no sólo con mejores y más productivas condiciones, sino también que generen un flujo de ingresos más seguro.
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