En línea con la menor actividad económica, la elevada inflación y la pérdida del poder adquisitivo, la tasa general de morosidad del sistema bancario finalizó el ejercicio 2022 en 2,90%, con un incremento de 0,74 puntos porcentuales (p.p.) respecto al 2021.
Si bien esta tasa es menor a la del cierre de noviembre, la variación interanual tendría implicancias para las políticas de refinanciación de créditos por parte de la banca a lo largo del 2023.
En el análisis por segmento de crédito se observa que, con excepción de servicios personales y agribusiness, las tasas de morosidad de los demás segmentos aumentaron, reflejando las mayores limitaciones de los clientes para cumplir con sus obligaciones financieras.
Se destaca el crecimiento 1,63 p.p. de la morosidad en el consumo, que es la tercera mayor cartera bancaria y que además tiene la mayor tasa de retrasos: 5,71%. Le siguen en orden de mayores tasas de morosidad: el comercio al por menor, con 4,97%, servicios personales, con 3,73%, otros sectores, con 3,60%, y vivienda, con 2,87%.


