Cuando quienes sostienen a...
Cuando quienes sostienen a...
Un directorio no debería ser solo un grupo que se reúne cada cierto tiempo para revisar informes o aprobar decisiones. Cuando eso pasa, el directorio se convierte en un espacio estático, casi silencioso, que poco tiene que ver con el movimiento real de la empresa....
En el ámbito empresarial, las entrevistas grupales cobraron fuerza en las décadas de los 70 y 80, cuando las grandes corporaciones comenzaron a utilizar métodos de selección más sofisticados para evaluar competencias blandas en contextos reales o simulados. Desde...
Así como un feedback nos invita a mirarnos desde distintas perspectivas, un código de ética representa ese espejo que nos ayuda a ver con claridad quiénes somos como organización y quiénes queremos ser. No se trata solo de un documento, sino de una guía viva que...
En el vasto universo corporativo, las recategorizaciones de cargo no solo representan una mera reorganización de jerarquías; son, también, ventanas hacia nuevas oportunidades y abismos de autodesafío. Para muchos colaboradores, el ascenso o el cambio de rol no es solo motivo de celebración, sino también la antesala de un fenómeno intrínseco y silencioso: el síndrome del impostor. Esa inquietante sensación de que el reconocimiento externo no encuentra un eco interno.
Los paradigmas son como mapas que hemos configurado en nuestra mente, definiendo cómo percibimos y entendemos nuestra realidad. Son estructuras que nos proporcionan sentido, dirección y estabilidad, actuando como el cimiento sobre el cual construimos nuestras decisiones y acciones. Sin embargo, este mismo poder de definición puede volverse una limitación cuando nos impide evolucionar y adaptarnos a nuevas circunstancias.
En un entorno laboral en constante metamorfosis, el área de Talento Humano emerge como un faro de adaptación y resiliencia. 2025 no será la excepción: el desafío es abrazar la transformación híbrida, equilibrando tecnología y humanidad para crear equipos fuertes, motivados y alineados con los objetivos organizacionales.
A lo largo de nuestra vida profesional y personal, iniciamos numerosos proyectos con entusiasmo y grandes expectativas. Sin embargo, no siempre llegamos al final de todos ellos.
El fin de año trae consigo un ambiente de reflexión, un ánimo de cierre que nos invita a evaluar nuestros hábitos y, quizá, a reconsiderar cómo estamos navegando por esta era de conexiones virtuales. Pero ¿qué tan «conectados» estamos realmente? Nos encontramos atrapados en un mundo donde el celular se ha transformado en una extensión de nuestra mano, en un perpetuo generador de dopamina. Y esta dopamina, tan ansiada y placentera, es también la fuente de una desconexión más profunda, la que experimentamos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
El fin de año marca un momento especial para pausar, mirar hacia atrás y valorar todo lo que hemos vivido.
En el vasto entramado de nuestras rutinas diarias, surge un dilema casi filosófico: ¿debemos agendar la vida o permitir que fluya con su cadencia natural? La discusión no es meramente teórica; es el eje de conversaciones en cafés, debates entre amigos y reflexiones íntimas cuando el insomnio reclama su cuota. Algunos defienden con fervor la estructura milimétrica de una agenda, mientras que otros se rinden al encanto de la improvisación. Ambos bandos esgrimen razones tan apasionadas como divergentes.
¿Cómo me estoy preparando para mi vejez? ¿Qué decisiones debo tomar hoy que afectan mi futuro?
Las conversaciones son el hilo invisible que teje nuestras relaciones y, por ende, nuestras vidas. Cada intercambio, desde los más simples hasta los más cargados de emociones, tiene el potencial de acercarnos o alejarnos de los demás. Sin embargo, ¿cuántas veces dejamos que el miedo al conflicto, la incomodidad o la falta de práctica nos frene a la hora de dialogar? Las conversaciones productivas no se dan de forma mágica; son una elección consciente que exige valentía, autoconocimiento y compromiso.
En nuestro día a día, enfrentamos conversaciones que nos desafían. Ya sea con colegas, amigos o familiares, ciertas conversaciones parecen tocar fibras tan profundas que resulta complicado avanzar sin sentirnos incómodos o vulnerables. Pero, ¿por qué estas interacciones son tan difíciles? Para comprenderlo, debemos analizar tres dimensiones clave: el origen de nuestras diferencias, el peso de nuestras emociones y el impacto en nuestra identidad.
¿Por qué el segundo lugar suele ser el menos deseado en competencias y de qué manera esto se refleja en nuestro lenguaje organizacional?
Con la finalización del curso Fortalecimiento de Directorios, el pasado 23 de octubre, en MENTU reflexionamos sobre el papel que desempeñan los Directorios en el crecimiento y sostenibilidad de las empresas.