El Fondo Monetario Internacional, en su informe de julio, bajó su pronóstico de crecimiento mundial para el corriente a 3,2%, previendo para el 2023 un variación de 2,9% del PIB mundial.
Los riesgos presentados en el informe de abril, tales como una inflación superior a la estimada, una recesión mundial y un endurecimiento más agresivo de las políticas monetarias, empezaron a materializarse. Se prevé que la inflación en economías avanzadas al cierre del año en 6,6%, mientras que en economías emergentes se ubicaría en 9,5%.
El FMI pronostica un escenario alternativo en el que de continuar la guerra en Ucrania y los shocks externos, el crecimiento de la economía mundial podría bajar hasta 2,6% para el 2022 y 2% para el 2023.
El organismo considera que la prioridad de los gobiernos debería ser controlar la inflación y que el apoyo fiscal focalizado ayudaría amortiguar el impacto en los sectores vulnerables, lo que dado el escaso margen fiscal requerirá de una suba de impuestos o una reducción de otros gastos.

